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HISTORIAS DE FAMILIA
Mariza (Cuzco, Perú)
El nacimiento de Mikhail provocó en mí sentimientos de angustia, miedo infinito que aunque cueste creer, con el transcurrir del tiempo, terminó por darme seguridad hasta entonces desconocida, marcando un antes y un después en mi vida. Después de vivir entre hospitales y luchas por la supervivencia de Mikhail y el ver cómo se aferraba a la vida a pesar de haber pasado por el quirófano y demás complicaciones, me dio una lección de vida ¡era un luchador!
Aprendí muchas más cosas que una mamá en situación normal, me convertí en una mamá especial, dejé de ser mujer para convertirme en mamá a tiempo completo… En esos momentos, el vivir día a día con un niño con síndrome de Down era desconocido y al mismo tiempo en mí se generó muchos sentimientos: tristeza, aceptación, amor, alegría y el gran desafío. Fue ahí que descubrí cuánto de paciencia, de amor y de fortaleza física tenía porque Mikhail me lo pedía; recuerdo que teníamos que viajar cada tres meses de Huamanga-Ayacucho a Lima (800 km.) Perú, para que le hiciesen sus terapias y me dieran pautas y orientación para realizarlas yo misma en casa. Me dediqué a exclusividad a las terapias hasta quedar agotada y literalmente doblada en dos y mi esfuerzo fue compensado pues ¡logró caminar! Fue uno de los tantos retos que nos trazamos los dos. Por eso pienso que Mikhail es un ejemplo de lo que el esfuerzo, la constancia y el trabajo pueden conseguir.
Después que Mikhail aprendió a caminar, retorné a Cuzco-Perú, mi tierra natal donde mi familia me esperaba. Mi esposo se quedó por cuestiones de trabajo. Y en esta lucha que me tocó enfrentar día a día, venciendo las dificultades que se presentaban para sacar adelante a Mikhail, siempre me sentía sola… No tuve el apoyo que toda mujer espera de su pareja que no solo es lo económico, sino y sobre todo el apoyo moral y el afecto diario. Al mes que llegué a Cuzco, conseguí trabajo en la Empresa Eléctrica donde había trabajado antes, gracias a los amigos que nunca se olvidaron de mí a quienes ahora les llamo “mis ángeles sin alas en la tierra”. Y hasta el momento sigo trabajando. Asimismo agradezco a Dios por haberme dado la madre que tengo, una mujer luchadora e invencible quien me ayuda en la crianza de Mikhail. Al año de mi llegada a Cusco, me titulé como Ing. Electricista y estoy haciendo algunos cursos, diplomados, y me gustaría también tener una Maestría, lo que no puedo realizar por el tema económico porque todo lo que gano es para que Mikhail tenga una mejor calidad de vida. Él sigue con sus terapias, va a un colegio regular (I.E.Pukllasunchis), le encanta la natación. Se está preparando para ir a las olimpiadas. Le gusta tocar la guitarra lo cual está aprendiendo y le gusta comer papa en todas sus versiones.
Actualmente Mikhail tiene 7 años (26-02-2005) y me siento muy orgullosa de todo lo que ha logrado hasta ahora y veo la vida de otra manera no como cuando nació… Antes me sentía atrapada en un hoyo sin salida pero ahora tengo esperanza, optimismo y mucho amor que dar a mi hijito. Esta es nuestra historia de luchas y triunfos.
Saludos,
Mariza

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